Del dolor a la sanación

Pareja de personas mayores que miran hacia la cámara y se ríen

Si la vida es como una caja de bombones, como dice la célebre frase de una película, entonces el amor es como una montaña rusa. Es una aventura con subidas y bajadas extremas que pueden dejarnos con sentimientos de euforia, decepción o náuseas. 

Las relaciones pueden darnos alegría y felicidad durante días, meses, años o incluso décadas. Pero las relaciones también pueden causar dolor y sufrimiento. Sentirse incomprendido, decepcionado o traicionado puede dejar heridas muy profundas. La culpa y el arrepentimiento pueden ser igual de destructivos.

¿Se puede priorizar la relación (y priorizarnos a nosotros mismos) de una manera saludable y positiva cuando nos sentimos heridos?

Primero, debe priorizarse a usted

Probablemente haya escuchado la frase “No puedes amar a alguien hasta que no te ames a ti mismo”. Parece ser una frase sin mucho sentido, pero es completamente verdadera. Para amarse a uno mismo, hay que tener autocompasión: una aceptación y comprensión de quién soy y de lo que he vivido.

Mediante la autocompasión, nos tratamos con bondad y empatía, y nos consideramos dignos y merecedores de relaciones amorosas. La autocompasión nos brinda la posibilidad de aliviar el dolor y el sufrimiento que puede causar una relación, incluidas las relaciones amorosas.

Es posible que piense que si fuera bondadoso con usted, se quedaría en pijamas todo el día mirando televisión. Pero la autocompasión no se trata de sentir lástima ni de quitarse responsabilidades.

Es un cambio de mentalidad que elimina la autocrítica negativa para que pueda surgir lo mejor de nosotros en cada situación. Además, nos ayuda a considerar los desafíos inevitables a los que nos enfrentamos como una experiencia humana común. En la vida no todo es color de rosa. Al darnos cuenta de que todos compartimos una experiencia común, sentimos compasión cuando otros sufren pérdidas, frustraciones o fracasos personales, y también aprendemos a tener compasión por nosotros mismos.  

La vida con autocompasión

La autocompasión comienza al aceptar que no somos perfectos, porque nadie lo es. Cuando estamos en una relación y tenemos que enfrentarnos al dolor o al sufrimiento, la autocompasión también nos recuerda que somos merecedores de amor y respeto, tal cual somos. Esta sensación afecta la manera en que permitimos que nos traten los demás y en que nosotros tratamos al resto. La confianza que viene con la autoestima nos ayuda a comprometernos con relaciones que realmente nos hacen sentir bien y a dejar atrás las que nos hacen sentir mal.

Soltar es otro aspecto de la autocompasión. Con la autocompasión, aprendemos a no castigarnos por un error. Pero el autoperdón no finaliza con un “Lo siento”. Elegir perdonarnos significa que estamos dispuestos a aprender de la equivocación o la falla, a crecer a partir de ella y a dejarla atrás. Se trata de soltar la mochila que nos hace sentir culpables, o bien la que nos ayuda a culpar y juzgar. El aprendizaje y el crecimiento que surgen del perdón pueden conducir a reparar una relación o, quizás, a seguir adelante por un camino distinto.

La atención plena es otra parte importante de la autocompasión. Aunque la idea de la atención plena pueda parecer un poco difusa, es exactamente lo contrario. La atención plena nos mantiene centrados en el presente y conscientes de él. Si tenemos problemas con emociones complejas, podremos explorarlas abiertamente y sin juicios ni etiquetas. Por ejemplo, “No puedo permitirme que esta relación falle, ¿qué les diré a mis amigos?” es un pensamiento sin atención plena. Un pensamiento con atención plena sería “Esta relación me enseñó que aún tengo mucho que aprender antes de sentar cabeza”. El foco no está puesto en juzgar si está bien o mal, sino simplemente en explorar los pensamientos desde una perspectiva distinta. La atención plena puede ayudarnos a desarrollar perspectivas nuevas y nos puede conducir a ver el panorama general.

La autocompasión en práctica

Tratarnos con compasión supone ser bondadosos con nosotros mismos cuando más lo necesitamos. Se trata de escuchar las necesidades sin juzgarlas, de perdonarnos y de reconocer que somos simplemente humanos. Implica intentar crecer a partir de los errores y hacer mejor las cosas la próxima vez. Pero también se trata de reconocer que simplemente estamos dándolo todo y, a veces, con eso es suficiente.

¿Quiere recuperarse de una experiencia dolorosa? Si es así, tiene mucho que ganar practicando la autocompasión. No requiere habilidades sociales ni equipos especiales. Lo único que necesita es una mente abierta y el deseo de tratarse a usted mismo (y a los demás) con la compasión que necesita y se merece. 

 

 

Revisado por los Embajadores Clínicos de Kaiser Permanente. Entre ellos, Mark Dreskin, MD; Sharon Smith, LPC; o David Kane, LCSW. Septiembre de 2018.


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